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LOS PRECEPTORES, ACTORES ESENCIALES EN EL TEJIDO DE LA TRAMA ESCOLAR DEL S. XXI

“Juan Pablo llega bien temprano en la mañana. Deja su mochila y comienza a recorrer las aulas. Saca del armario partes y libros y los deja cuidadosamente sobre los escritorios de los docentes. Luego se dirige a la puerta, donde la rectora ya está esperando a que se abra para el ingreso de los estudiantes.

Se para allí, en la entrada, y comienza la verdadera acción….

Los estudiantes van llegando uno a uno. Algunos lo saludan con un puño, otros le dispensan una sonrisa..los menos, con cara de muy dormidos, no responden al “buenos días”. Uno de 3ero. sociales entra con una campera que no corresponde al uniforme. Le llama la atención. Otro ingresa muy desprolijo, y se lo señala con una broma que aún con su firmeza no deja de ser afectuosa.

Van todos al patio. Se iza la bandera, y comparten la oración de la mañana. Por suerte, ha conseguido que los del grupo misionero animen este momento, porque lo hacen de forma más cercana a los demás estudiantes y adquiere mayor significatividad…piensa en cuánto le costó convencerlos, pero valió la pena.

Junto a sus compañeros, hacen que los cursos ingresen a las aulas. Busca los listados y registra la asistencia. Ana faltó una vez más, esa joven lo tiene preocupado. Se habrá “rateado” otra vez? Consulta con la rectora y deciden llamar a la casa. Larga conversación con la mamá, quien no parece estar muy al tanto de la vida de Ana. La citan parta ver al tutor la semana siguiente.

Envía a través del sistema una comunicación que mandan desde administración y se dispone a controlar que todos los docentes hayan cargado las valoraciones pedagógicas en el sistema informático que usa la escuela. Es que es el fin del bimestre, y secretaría quiere habilitar las notas para que los padres puedan verlas. Allí aprovecha para chequear cómo les ha ido a “sus chicos” (él està a cargo de 3 divisiones).

Cuando está a mitad de la tarea de control, la docente de Historia de 4to. economía lo manda a llamar en forma urgente. Hoy los estudiantes están desbordados, y a ella se le hace difícil lograr orden en la clase. Juan Pablo interviene, logra que se pueda proseguir la clase pero les promete volver a hablar después del recreo…se están pasando de la raya estos pibes….aunque a él le responden, un poco por evitar la sanción, otro poco porque con el equilibrio justo entre cercanía y firmeza ha logrado ganarse su respeto.

Ya es recreo. Es martes y le toca el patio del kiosco. Hay un grupito cerca quejándose, quién sabe por qué. Se acerca, les explica, pero es interrumpido por María y Sofía, su amiga. María insiste en que Sofía hable con él. Lo hace. Lo que le cuenta es terrible, si bien sabe cómo debe actuar, y lo hace adecuadamente, eso no evita que se sienta impactado ante la historia que escucha. La contiene,  le dice que la acompañará pero que debe hablar de esto con sus superiores. Sofía, al principio con resistencia, termina entendiendo que es necesario. Juan Pablo le cuenta a la Directora de Estudios, quien le pide que lleve a Sofía con ella para hacerse cargo del tema. Lo hace y regresa a sus otras tareas, pero lo que la joven le contó no deja de dar vueltas en su cabeza. Sin embargo, sabe que hizo lo correcto, la escuchó, la contuvo, trasladó el tema a quien debía, y luego, cuando ella regrese al aula (sabe Dios cuándo será, intuye que se desencadena protocolo), sabe que deberá acompañar al tutor para hablar con los otros chicos, y estar muy atento a ellos y, por supuesto, a Sofía. Pero sus pensamientos se ven interrumpidos por la llegada de David que se siente mal. Conversa un ratito con él, para tener más claro lo que sucede, pero ve que es necesario que desde secretaría llamen a la casa porque en verdad no está en condiciones de permanecer en la escuela. Lo manda a buscas sus cosas y lo lleva hasta secretaría…y mira  el reloj…Ya son las 11! Debe estar acompañando a la psicóloga en un trabajo que hará acerca del cuidado de los vínculos en 3ero economía! Le gusta participar de estas actividades: encuentros, convivencias, espacios de recreación, celebraciones…casi diría que es lo que más le gusta de la tarea…va concluyendo la mañana y recorre las aulas para ver que todo quede en condiciones. Siempre el mismo curso ha dejado el aula llena de papeles. Los hace juntarlos para poder salir. Suena el timbre. Los acompaña hasta la puerta y los despide con calidez hasta mañana. Vuelve a su pequeña oficina, ordena las cosas, la cierra y se va.

En su viaje rumbo a la Universidad (estudia psicología, ya está comenzando el 4to año) repasa todo lo sucedido en el día…”

Esto fue, simplemente, un día de trabajo en la vida de Juan Pablo, preceptor de una escuela que podría ser cualquiera de las de quienes están leyendo este artículo.

Juan Pablo es, como dijimos, preceptor.

 Pero, qué significa eso en nuestra escuela actual? Qué representa su figura? Se parece a la imagen del preceptor que conocimos quienes habitamos las escuelas desde hace más de 30 años?

Les propongo reflexionar un poco en torno a esto.De acuerdo a la reglamentación vigente en la mayoría de las jurisdicciones de nuestro país, le corresponde al preceptor cumplir tareas de organización escolar, en general vinculadas al orden y a la disciplina.

El diccionario de la RAE nos dice: del latín praeceptor , persona que enseña, siendo sus sinónimos instructor, educador, maestro, tutor, mentor, consejero, guía.

Si nos remontamos en el tiempo, en la Grecia antigua  se hablaba de preceptor en relación a aquellos que brindaban enseñanza adecuada para ejercer la ciudadanía, y ocupar cargos de gobierno.

Se hacía referencia al preceptor también como aquel responsable de mantener el precepto, o sea la ley y la tradición.

En Roma, se pagaban maestros o preceptores para encargarse de la primera instrucción de los niños.

Ya en el nacimiento de la escuela moderna, el dispositivo de control se convierte en pilar del funcionamiento del engranaje, desarrollándose distintos mecanismos para tal fin.

En la Inglaterra de principios del siglo XIX, podemos ver el antecedente más próximo del rol, plasmado en un dispositivo en el cual los estudiantes mayores “cuidaban” a los más pequeños, sin haber recibido ninguna preparación para poder hacerlo.

Para no extendernos demasiado, daremos un gran salto que nos lleva a mediados del S XX. Allí comienza a delinearse la figura, plasmándose en reglamentos que le otorgan la función de conservar el orden mediante determinados rituales y ejercicios de controles. Así, los profesores enseñan, los preceptores dan las condiciones para que esto pueda suceder. En el fondo, los convierte en una especie de “autoridad sin autoridad”. Y ese ha sido el rol durante mucho tiempo.

Pero hoy la cultura, la sociedad, la escuela han cambiado. Los estudiantes no son la excepción. Las familias cambiaron sus modos de acompañar, y la complejidad de los tiempos que vivimos hace que muchos de nuestros chicos y chicas se encuentren bastante desprotegidos en muchos aspectos. El rol de la escuela misma se ha ido modificando, ampliando el concepto de enseñar a una visión mucho más integral e integrada que tiene que ver con acompañar el crecimiento entendiendo a la persona como una totalidad en sus dimensiones biológica, psicológica, social, moral y espiritual. Y para dar respuesta a las necesidades actuales, requiere cada vez de más brazos y corazones dispuestos a acompañar. La efectivización del derecho a que todos los adolescentes estén dentro de la escuela, hace que la misma sea caja de resonancia de múltiples situaciones que años atrás eran excluidas. La escuela como garante de derechos de los adolescentes, y en especial nuestras escuelas católicas, custodias del crecimiento y bienestar de nuestros chicos, los preferidos de Jesús, hace que las tareas se amplíen, profundicen y complejicen.

Y es aquí cuando los preceptores cobran un papel relevante. Ya que su función no deja de ser la tradicional de cuidar el orden, la disciplina, y asegurar las condiciones para que las clases puedan ser dictadas. Pero también se van reconvirtiendo en lo que, por definición, como decíamos al comienzo, son: guías, maestros, tutores, mentores, consejeros. La fragmentación propia del Nivel secundario hace que esta figura sea la que más tiempo pasa con los estudiantes, la que con más frecuencia es nexo con las familias, la que más conoce a los grupos, la que puede colaborar mejor con los tutores, equipos de orientación y directivos.

Este “actor de reparto” se convierte hoy en un personaje esencial en la organización de la dinámica escolar, se modifica positivamente dando este nuevo rol a esta antigua figura. Un directivo que puede confiar en un buen preceptor, puede delegar mucha de la tarea en él, sabiendo que “lo hará bien”.

Sin embargo, la dimensión de la tarea, requiere hoy que el preceptor tenga formación, domine diversas herramientas, se capacite y tenga conocimientos de diversas áreas: psicología y cultura adolescente, derechos de los menores, resolución de conflictos, normativas y varios aspectos más.

Por eso, estas breves reflexiones intentan ser un llamamiento a las comunidades educativas a revalorizar y aprovechar el rol, y a todos los que lo ejercen a tomar conciencia de su valor pero a la vez de su responsabilidad, que los debe llevar a querer formarse, aprender, desarrollarse para poder dar lo mejor de sí mismos en la hermosa tarea de cuidar el valioso tesoro que las familias nos confían a las escuelas: sus hijas e hijos, nuestros queridos estudiantes.

Lic. Mariana Fuentes

Directora del curso Preceptores del Siglo XXI. Formación Integral para nuevas demandas escolares.

ROB Consultora Educativa integral

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