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RECUPERAR LA ATENCIÓN: CUANDO LA ESCUELA NECESITA NUEVAS HERRAMIENTAS

En muchas escuelas, la escena se volvió cotidiana.

Un docente intenta comenzar la clase mientras algunos alumnos miran constantemente hacia el celular. Otros lo mantienen sobre las piernas, pendientes de una notificación que puede aparecer en cualquier momento. Y muchos, incluso sin usarlo activamente, sienten la necesidad de revisarlo de manera casi automática.

Lo que aparece en discusión ya no es solamente el uso del teléfono dentro del aula. También es la dificultad creciente para sostener la atención, la conversación y la presencia compartida.

Y frente a eso, cada vez más instituciones empiezan a hacerse una pregunta incómoda: ¿alcanza simplemente con pedirles a los alumnos que “no usen el celular”?

La experiencia de muchos equipos docentes parece mostrar que no.

Porque aunque el dispositivo permanezca guardado en la mochila o sobre el escritorio, las notificaciones, vibraciones y estímulos siguen presentes. Y eso genera una fragmentación constante de la atención que impacta tanto en el aprendizaje como en la convivencia.

En paralelo, también aparece otro fenómeno: el desgaste docente. Gran parte de la energía cotidiana comienza a irse en recordar reglas, negociar límites o intervenir en conflictos vinculados al uso del teléfono.

Frente a este escenario, algunas instituciones comenzaron a buscar estrategias más claras y sostenibles para gestionar el tema de manera institucional y no únicamente desde el esfuerzo individual de cada profesor.

Ahí surge MotivEd, una propuesta que combina fundas individuales con cierre magnético e inhibición de señal junto con protocolos institucionales, acompañamiento a equipos educativos y espacios de trabajo sobre hábitos digitales y convivencia.

El funcionamiento busca ser simple: durante determinados momentos de la jornada, cada estudiante guarda su celular en una funda individual que permanece bloqueada hasta ser desbloqueada por la institución. El dispositivo sigue bajo responsabilidad del alumno —no se entrega ni se recolecta— pero deja de estar disponible y, especialmente, deja de recibir notificaciones constantes.

Y ese punto parece ser clave.

Porque muchas escuelas descubrieron que el problema no era solamente el uso activo del celular, sino su presencia permanente como foco de interrupción y expectativa. La posibilidad de que “algo esté pasando” en otro lugar todo el tiempo.

Al eliminar esa tensión constante, el clima cambia.

Docentes que implementaron este tipo de sistemas describen menos interrupciones, menos negociaciones y una sensación de mayor tranquilidad en el aula. Algunos estudiantes incluso reconocen que, después de los primeros días, sienten alivio al no estar pendientes del teléfono durante toda la jornada.

En instituciones de Uruguay y Argentina que comenzaron a trabajar con este enfoque, también empiezan a observarse cambios en otros espacios de la vida escolar. Recreos con más conversación entre alumnos. Menos aislamiento frente a la pantalla. Mayor interacción espontánea.

No como una transformación mágica ni inmediata. Pero sí como una decisión institucional que ayuda a recuperar ciertas condiciones para aprender y convivir.

Y quizás ahí esté una de las claves más importantes de esta discusión.

Porque probablemente el desafío no sea eliminar la tecnología de la escuela. Tampoco demonizar el celular. Hoy forma parte de la vida cotidiana de estudiantes y adultos, y seguirá siendo así.

La pregunta parece ser otra: qué espacios necesita proteger la escuela para que ciertas experiencias sigan siendo posibles.

La escucha.

La atención sostenida.

La conversación.

El encuentro con otros.

En un contexto donde múltiples plataformas compiten permanentemente por captar atención, algunas instituciones empiezan a entender que recuperar ciertos límites no es una vuelta al pasado, sino una decisión pedagógica del presente.

Y quizás, más que prohibir celulares, el verdadero desafío sea volver a crear espacios donde estar presentes vuelva a ser posible.

 

Para más información sobre MotivEd:

Nicolás Viñales – Cofundador de MotivEd

nicolas@motived.org

 

www.motived.org

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