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SEAMOS ORQUESTA

Semanas atrás estuve en el Teatro Colón escuchando/viendo un concierto. Más allá de que nunca en mis casi (no importa cuantos) años de vida había participado de un espectáculo así, quede casi hipnotizada con el director de la orquesta y la 𝐎𝐫𝐪𝐮𝐞𝐬𝐭𝐚 𝐞𝐧 𝐬í 𝐦𝐢𝐬𝐦𝐚.

Es imposible que mi mente no haga relaciones y conexiones con mi actividad diaria: 𝐥𝐚 𝐞𝐝𝐮𝐜𝐚𝐜𝐢ó𝐧

Imaginaba mi mirada panóptica sobre esa imagen y se me vino a la mente el 𝐟𝐮𝐧𝐜𝐢𝐨𝐧𝐚𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐝𝐞 𝐮𝐧𝐚 𝐞𝐬𝐜𝐮𝐞𝐥𝐚. Comencé a investigar a las pocas horas que hacía estratégicamente el director de orquesta y encontré algo que me hizo pensar aún más:

“Si pensamos que una orquesta sinfónica cuenta con un mínimo de ochenta miembros es fácil comprender que se necesita una figura que imponga un 𝐜𝐫𝐢𝐭𝐞𝐫𝐢𝐨 ú𝐧𝐢𝐜𝐨 en lo que respecta a 𝐬𝐢𝐧𝐜𝐫𝐨𝐧𝐢𝐳𝐚𝐫 tanto las entradas de los músicos como el ritmo y el tempo general de las obras. Mientras que los músicos cuentan solamente con sus partes respectivas (partituras que incluyen solamente los compases que deben interpretar), el director es el único que dispone de la partitura completa, el único que tiene la visión de conjunto de la obra.”

¿Les resulta aplicable a la escuela?

En una orquesta (y en la escuela), cada músico es experto en su instrumento, años de práctica y entrenamiento. Cada uno tiene habilidades y conocimientos específicos.

La magia sucede cuando cada uno de esos individuos talentosos van formando el equipo. Y se crea una sinfonía. Cada uno contribuye desde su lugar reconociendo la importancia de trabajar juntos con un objetivo en común.

Nadie puede tocar la sinfonía completa por sí solo. Si uno falla, afecta a todo el conjunto.

Todos y cada uno de sus miembros necesitan la guía de ese Director de orquesta para que todos “toquen” en armonía con los demás.

Así, esta dinámica resalta la importancia del trabajo en equipo y la colaboración en el entorno. Cada integrante tiene la libertad de expresar su creatividad y hacer lo que ama, con aquella oportunidad única de tocar su melodía o pasaje destacado pero con el compromiso de trabajar juntos bajo la dirección del líder para lograr un rendimiento colectivo excepcional.

Así como una orquesta bien dirigida puede crear una experiencia musical extraordinaria, una escuela bien dirigida puede proporcionar una experiencia educativa rica y transformadora. El liderazgo efectivo implica reconocer y aprovechar el talento individual de cada miembro del equipo.

La “clave” (🎵de sol?) radica en encontrar el equilibrio entre la individualidad y la colaboración, donde cada uno pueda brillar mientras contribuye al éxito general de la institución educativa.

𝐒𝐞𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐎𝐫𝐪𝐮𝐞𝐬𝐭𝐚…

Daniela Borlenghi
ROB Consultora

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